Destaca entre los hijos ilustres de Cañas, Santo Domingo de Silos, nacido en el año 1000 y muerto en Silos setenta y tres años después. Descendiente de los Manso, fue durante su niñez zagal de los rebaños de su padre. Más tarde, tras vivir como eremita, un año en soledad, ingresó en el Monasterio de San Millán de la Cogolla, del que pronto sería nombrado prior. Cuando el rey García el de Nájera quiso adueñarse de los bienes del Monasterio, encontró la oposición de su prior Domingo, quién esgrimiría una argumento cien veces traspasado a la literatura de la época "puedes matar el cuerpo, la carne mal traer, más non has en el alma, rey, ningún poder".
Si alcanzó la autoridad del monarca, sin embargo, para desterrar de su reino al opositor, quien hubo de retirarse a Castilla, a un convento por entonces arruinado: San Sebastián de Silos. Empeñado en su restauración, logró la maravilla románica de su claustro y el afianzamiento de una comunidad cuya ciencia y aliento espiritual forjarían una parte nada desdeñable del patrimonio cultural castellano.